Una salidita por el parque de Villa Colombia en una noche lluviosa, es otro cuento, la gente se "enchuspa"
Llegué pasadas las 7 PM. No había aguacero pero sí esa lluvia eterna que no sabemos cuando es que va a escampar, esa que no moja tan fuerte pero no deja de caer. Las calles brillan con el reflejo del alumbrado público . Y el parque, que casi siempre está lleno, estaba quieto.
Cuando Cali se enchuspa
Aquí no hay drama. Cuando llueve de noche, el caleño hace lo que mejor sabe: se enchuspa. Se queda en casa, con la ventana entreabierta, un cafecito o un chocolate bien caliente con "pam". Nadie lo reprocha, es casi una ley.
Por eso el parque, esa noche, era otro. Las bancas vacías y mojadas, los árboles goteando, ni rastro de los abuelos que ocupan las bancas de siempre ni de los niños que corretean llevándose todo a su paso, bueno, al único abuelo que vimos fue al que preparaba los ceviches de mango (Q.E.P.D).
Lo que uno se lleva
En una noche sin lluvia, el parque es otro mundo. Se llena de gente, de ruido y de comida. Se ve la gente charlando, la música que sale de algún local, las risas de los que se sientan hasta tarde. Los puestos de comida echan humo, el olor a fritura y a carne asada le da la vuelta a la cuadra, y uno no sabe por dónde empezar. Ahí toca ir con hambre y sin afán.
Pero cuando llueve, todo cambia. Y cambia de verdad. No se ve ni un alma. Las bancas quedan solas, los puestos recogen y el barrio entero se enchuspa. Así somos los caleños: si el cielo se pone gris, nos metemos a la casa y ahí nos quedamos.
Villa Colombia se disfruta de las dos formas.